Hablar sobre el sentido de la vida, del vivir.
Podría ser hablar sobre lo que si tiene sentido.
Querernos y querer.
Sonreír para que lluevan los motivos.
Caminar en el momento presente, deslizarnos fluyendo nada más.
Escuchar las miradas, abrazar el tiempo de respirar.
Viajar con la mente abierta y las alas desplegadas para que el infinito no sea una utopía nada
más.
Y si hace falta llorar se llora, que las lágrimas siempre tuvieron un rápido repuesto.
Y si hace falta reír se ríe, que las arrugas no sean un impedimento.
El sentido de la vida es la magia de no saberlo, de no poder atraparlo en las redes del
razonamiento.
Correr despacio, descalzarnos a tiempo.
Latir al ritmo de nuestro corazón, a veces rápido, a veces lento…